Aquí estoy, frente a ti,
en el arco de tus controles
después de vaciar los bolsillos
en una bandeja vacía
de sueños
y el cinturón
y los zapatos
desnudo
con las manos en alto
y tú mirando
de arriba abajo
cada milímetro
buscando
quizás
una bomba en el pecho
una palabra anónima
que te hiera
o un alma
escondida
y ni aún así
se te disparan las alarmas
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